Mi primera vez: así descubrí a Manolillo Chinato

Como ya dejé caer en el primer texto de esta serie, a Extremoduro llegué tarde, y fue por mi culpa, habiendo pagado por ello el haberme visto privado año y medio de su disfrute. Pero, con haber sido ello una pena, toda vez que las mismas nunca vienen solas (‘penas y olas nunca vienen solas’), de manos de esta desgracia vino otra, no haber podido disfrutar en su momento en aquella cinta, MIkelín 90, del agreste sentimiento en corazón y carne viva de Manolillo Chinato, declamando a voz en grito el llamado con el tiempo a ser su más emblemático poema: Ama, ama, ama y ensancha el alma: en 1990, la mejor introducción & tarjeta de presentación de Jesucristo García. Escuchar aquel vozarrón, aquellos versos y aquel recitado de Manolo siempre me puso y me sigue poniendo los pelos de punta, y me temo que siempre lo hará.

1992 nos regaló Deltoya, tercer álbum de Extremoduro, disco que incluyó  el seminal poema transformado en canción, con algunas variaciones en sus versos. Nada más ver su título introduje la cinta en la pletina y la adelanté en su búsqueda, llevándome tras oírla cierta decepción: cual Pepito Grillo siempre al loro, mi fuero interno me decía que la canción, de mucha más calidad musical y musicalidad, en lo referido a transmitir y transgredir no superaba al original. Eso sí, pese a su sonoridad más convencional, el Ama, ama, ama y ensancha el alma incluido en Deltoya me fascinó. Con el tiempo se convertiría para siempre en la canción bandera del repertorio de Extremoduro.

El concierto de los de Robe en Abetxuko tuvo lugar el 22 de septiembre de 1990 en el marco de las fiestas alternativas de ‘Mikelin el Cashero’, protagonista de una célebre canción de Potato, representando la primera vez de los ‘Extremo’ en Euskal Herria y la primera a su vez de Manolo, ocasional acompañante de la banda por entonces, con ellos fuera de Extremadura. El cartel incluía también a Potato, La Polla Records (bandas que ya habían tomado parte en anteriores ediciones de las fiestas, estos últimos, en la de 1989, junto con Barricada) y Rosendo. El  de Carabanchel no estaba programado de primeras, entrando en el mismo a última hora en lugar de Mano Negra.

Barrio periférico de Vitoria/Gasteiz actualmente y pueblo con vitola propia por entonces, Abetxuko vio el arranque de los ‘MIkelines’ en 1987 como guinda musical del motivo central de unas fiestas erigidas sobre campañas sociales de concienciación, reivindicaciones y luchas varias: contra la ‘rikeza’, las guerras, el racismo, en pro de las escuelas populares de música… Además de 1990, los años 1991, 1992 y 1993 también vieron la publicación de cintas con parte de los conciertos, con canciones de Su Ta Gar, Reincidentes, Hertzainak, Parabellum o Maniática, entre otros. La organización de los ‘MIkelines’ corría a cargo la Asamblea vecinal de Abetxuko, la de parados de Gasteiz y algunos componentes de Potato que vivían allí. Creados en Nochevieja de 1984, Potato contaban para 1990 con tres trabajos y medio: el compartido con Tijuana in Blue (1986), Punky, Reggae, Party (1987), Rula (1988) y Erre que Erre (1990), y eran auténticos profetas en su tierra.

Pasarían unos años hasta que volví a saber de Manolo, un poeta del mundo, tal y como lo presentó Robe aquella noche. Fue en la entrevista que le hice a Extremoduro en 1998, con motivo del lanzamiento de Canciones prohibidas, cuando su nombre salió a colación, pues en el mundillo ya era más o menos sabido que Robe, Iñaki y Fito estaban musicando una selección de sus poemas. Dicha tarea, que en palabras de Robe tenían que sacar adelante sí o sí (“por el sistema porco, por cojones” según sus palabras en aquella entrevista), quedó plasmada finalmente en 2001 en Poesía básica, disco que firmaron como Extrechinato y Tú. El trabajo fue Disco de oro, aunque, cosa de las vorágines de todo tipo que envolvían a todos los músicos implicados, en primera instancia prácticamente quedó sin presentar.

Fiel acólito de Extremoduro y de cuanto sucedía a su alrededor, Kutxi Romero, cautivado por la torrencial lírica de un Chinato que en 2003 había visto publicado su primer libro, Amor, rebeldía, libertad y sangre, logró que grabara unos versos en Como los trileros, una de las señeras canciones de 28.000 Puñaladas, el cuarto disco de Marea. Y, con motivo del viaje de los Marea a Madrid para recoger los Discos de oro por las ventas de Besos de perro, abril de 2004, le invitó al acto, teniendo yo la oportunidad de conocer en persona a aquel hombre grande en todos los sentidos: Amor, rebeldía, libertad y sangre cual si fuesen los cuatro pilares sobre los que se asentara su vida, Manolo demostró aquel día ser la personificación del hombre libre, sabio, noble y bueno por excelencia, desprendiendo un perenne halo mágico solo con su presencia. Un último apunte haré al respecto: si en EEUU la libertad está representada por una estatua, a este lado del océano bien podríamos decir que lo está por él y su poesía.

Demos un salto en el tiempo, estamos en 2007. Parapetados tras el gran éxito de Extremoduro, Robe y ‘Uoho’ deciden montar una discográfica, Muxik. No era la primera vez que intentaban desarrollar un proyecto al margen de su fructífera entente musical: diez años atrás, sin ir más lejos, ya habían intentado publicar una revista, la Bicha, llegando a ver la luz únicamente un número ‘cero’ que se distribuyó en 1997 en los conciertos de la gira de presentación de Iros todos a tomar por culo. En esta ocasión montaron una discográfica, publicando en dicho 2007 tres discos de golpe: los álbumes debut de Inconscientes, banda fundada en 2006 por Iñaki aprovechando un ‘parón’ más largo que lo habitual de Extremoduro  (La inconsciencia de Uoho); Calaña (banda en la que encontramos a Alén, batería de Marea, aprovechando uno de los habituales ‘parones’ de su grupo: el grupo volverá a salir en esta serie) y Antisocial, grupo auspiciado por Dieguillo: bajista de Quemando Ruedas y a las cuatro cuerdas ocasionalmente en Cicatriz y Extremoduro antes de la llegada de Miguel Colino. Y, recordémoslo, en Pedrá.

Ya con su disco en la calle, el siguiente e imprescindible paso de Inconscientes fue salir de gira, y como el disco de Extrechinato y Tú no se había presentado, se les ocurrió que fuese con ellos Manolillo Chinato, disfrutando de un espacio antes del concierto y de otro en el mismo para recitar sus poemas: en este último caso, acompañado por la banda. Siendo esto así, salía Manolo, declamaba una docena de poemas, y en el curso de concierto regresaba al escenario para poner corazón y voz entre otros a Viento (Déjame ir contigo) y Eterno viajero, antes de regresar para hacer lo propio con Ama, ama…, el imprescindible broche final.

Nueve años tardaron los Inconscientes en darle continuidad al grupo con la grabación de un nuevo disco, Quimeras y otras realidades, poniéndolo en circulación El Dromedario Records. La discográfica y promotora se encargó de organizar la consiguiente gira, correspondiéndome a mí viajar con ellos como road-manager, en principio. Tras los primeros conciertos, la banda echaba de menos tocar Eterno viajero, algo imposible a primera vista sin la presencia de Chinato: hasta que alguien dio con la solución.

“Óscar, apréndete el Eterno viajero, vamos a probar a que salgas a recitarlo a partir del próximo concierto; le echamos un vistazo en la prueba de sonido y valoramos”, me dijo Iñaki en llamada telefónica un día de principios de febrero de 2017, ante mi estupefacción. No daba crédito a sus palabras. Y tras ensayar el poema cuatro días por mi cuenta, allí que me vi hecho un poema, sobre el tablado de la sala Las Armas de Zaragoza en mi primera vez sobre un escenario protagonizando un espectáculo inaudito e inédito. Y ya se sabe cómo son las primeras veces, las sensaciones encontradas que dejan. A la vista de que no me iba a quedar otra que seguir ejerciendo de Chinato, que asumir tan particular rol, a partir de aquel día me vine arriba pensando en disfrutar del momento, salvando de forma airosa la papeleta cuantas veces tuve que salir a recitar: más allá del inevitable miedo escénico, todo un orgullo para mí. Saber de la obra de Manolo (2017 vio la publicación de un nuevo libro, Poeta no quise ser) y conocer a la persona cambió en algo mi vida, llevándome a intentar ser mejor. Estoy seguro de ello. Claro, no seré yo quien diga si lo he conseguido o no. Lo que sí puedo proclamar a los cuatro vientos es lo orgulloso que estoy de haber podido ser su embajador: de haber podido salir a los escenarios en su nombre para compartir con el mundo su condición de eterno viajero. Nuestra condición. Manolo, Manolillo, un verdadero honor.

Robe vuelve al número 1 de ventas con “Bienvenidos al temporal”

Tras 62 semanas en lista Robe recupera el número 1 de ventas

«Bienvenidos al temporal”, el concierto de Robe grabado en el Teatro Romano de Mérida, Palau de la Música y WiZink Center en 2017, ha vuelto a recuperar el número 1 de ventas en formato DVD estas dos últimas semanas como ya lo alcanzó en su salida hace ya más de dos años. Un claro síntoma de que a pesar de que las ventas de este formato han caído en picado, cuando hay calidad, el éxito en el tiempo está garantizado, y lo bueno corre de boca en boca hasta que todo el mundo acaba por enterarse. No os perdáis el vídeo de Lewis Teixidor, el popular ingeniero y productor americano, viendo “La canción más triste”, en el Teatro Romano de Mérida. Aquí os dejamos el vídeo:

Mi primera vez: así descubrí a King Putreak & The Vientre

Hablar de King Putreak y The Vientre es hacerlo de Kike Babas y Kike Turrón, ambos oriundos de Hortaleza, Madrid, y máximos ejemplos andantes de esta que perfectamente podría ser su máxima vital, ‘¿lo quieres? Es tuyo. Al lío, échale morro y a por ello’. O tal y como canta Coque Malla, ‘no pidas permiso, agárralo, sal a la calle y cógelo, es tuyo’. 

Por ahí van los tiros. Y en ello siguen 30 años después, codo con codo en la barra del tirapichón de la vida apuntando al objetivo y, sea o no de feria la carabina, haciendo diana en cuantos se les ponen a tiro: ya sea hacer entrevistas, críticas de discos, hojas promocionales, libros de creación literaria, biografías, vídeo-realizaciones, programas de radio, de televisión, grabar discos hasta 2006-2007 con  King Putreak, The Vientre y Huevos Canos (es de justicia mencionar también a estos últimos), y ya en nuestros días, con Kike Babas & La Desbadá (Kike Babas, siendo este su actual proyecto tras Kike Suárez y la Desbandada) y con Los Turrones, Kike Turrón. 

Como buenos buhoneros y buscavidas,  he aquí dos irreverentes maestros de todo y oficiales y sabios… de todo también, ambos; y es que, al contrario de lo que se dice, en Hortaleza no hubo solo un sabio. Hay dos al menos, ellos dos.

La primera vez que supe de ambos, los Kikes a partir de ahora, fue en la segunda mitad de los noventa, puesto que también escribían en El Tubo, descubriéndolos y zambulléndome en su obra en 1998. ¿El culpable de ello? Un maravilloso artefacto músico-literario. Un CD-libro que vio la luz dicho 1998 titulado Nadie come del aire, en el que, cual ‘Carpantas’ del gremio, contaban sus andanzas relacionadas con el mundillo y el periodismo musical mediante breves y entretenidos relatos. Con ser bueno el libro, prologado por El Gran Wyoming, Fermin Muguruza y la familia Subterfuge (editores del mismo y discográfica de moda aquellos años), el CD de King Putreak que lo acompañaba era lo más: un compendio de acidez musicada integrado por once pistas que no dejaban indiferente a nadie. Y es que todo era posible en King Putreak, siendo el disco a un tiempo carga explosiva y detonador: qué bombas El presente es lluita, El día que yo me muera, Aprendiz, Quiero ser camello, Polka miseria o Polipuestón

Cautivado por semejante descubrimiento, me puse a indagar y descubrí que uno de los Kikes, el Babas, tenía también otro grupo, The Vientre, que contaba con una maqueta, Hay que liberar el taponazo. Estaba claro que había que hacerse con ella como fuese. 

Llegó 1999 y con el nuevo año, los primeros conciertos de los ‘Kinpu’ a los que asistiría: el primero en Bilbo, en el Kafe Antzokia, con motivo de la fiesta del décimo aniversario de El Tubo (compartiendo escenario con Flitter y con La Polla), y el segundo en Pamplona, donde actuaron en el Terminal con Josetxo Ezponda ‘El Bicho’, quien se presentó dicha noche como Doberman Yogourth. Perros verdes de la escena como eran, lo que no sabían era que en Berriozar vivía su fan número uno, alguien que, según sus quejíos, no era más que su sonrisa gris y sus ojitos tristes y que se presentó en dicho bolo. Está claro de quién estoy hablando, del perro verde de la escena por excelencia, tal y como se definiría Kutxi Romero un año después en el segundo disco de Marea.  

Aún habría una tercera vez con los Kikes en ese 1999; fue en el He Be de Vallekas, esta vez con los Marea sobre el escenario. En junio de dicho año, con motivo de la publicación de su maqueta, entrevisté a los comandados por Kutxi para el Tubo, saliendo la entrevista publicada tras el verano y llamando la  atención de los de Hortaleza. Siendo esto así, cuando me dijo Romero de ir a Vallekas, les llamé. Y allí apareció Kike Turrón aquella tarde noche de chuzos de punta de mediados de diciembre, compartiendo todos en discretísimo olor de multitudes concierto, tragos, chascarrillos y confidencias. 

En el fragor de la conversación, ‘Turrones’ me dijo que King Putreak querían grabar otro disco, que tenían canciones. Y que querían compartirlo con The Vientre.  Que habían pensado en llamar a Marino Goñi, de GOR, para hablar del tema, pero que no lo tenían muy claro. Por entonces yo tenía una relación muy cercana con Marino: solo unas semanas antes, en una de nuestras charlas en su oficina (siempre que podía me escapaba allí para cambiar impresiones con él), me había preguntado lo siguiente, a ver si había visto últimamente algo que me hubiera llamado la atención. Que a raíz del gran éxito obtenido por Koma (en dicho 1999 GOR había publicado su tercer disco, El catador de vinagre, tras poner en la calle en 1996 y 1997 el primero y El infarto) solo recibía maquetas de grupos de ‘kaña’ con mucho doble bombo, y que estaba buscando otras cosas…

Vale, le dije a Turrón. Yo hablaré con  Marino: y al año siguiente vio la luz el álbum compartido B.N.C.A(Buitre no come alpiste), el nuevo CD-libro de ‘la escombrera’, tal y como se denominaban a sí mismos todos los implicados en ambos grupos, The Vientre y King Putreak. 

Dicho trabajo se materializó en los estudios Sonido XXI de Navarra, donde Marea grabó sus dos primeros discos, lugar que visitamos varios días durante la grabación de B.N.C.A. Una de aquellas jornadas, piensa que te piensa estaban allí los Kikes, dándole vueltas a un título. Al de una de las canciones de King Putreak. Al final se lo puse yo: Trampas, caídas y fantasmas.

Una vez hecho lo más difícil, tener el disco en la mano, tocaba presentarlo, algo que hicieron ya en 2001 en el Kafe Antzokia de Bilbo, acompañados en esta plaza por los de Berriozar (quienes habían visto publicado en octubre de 2000 Revolcón), y en el AKE de Pamplona, siendo épico el concierto de ambas bandas y épico no, lo siguiente, el post-concierto. 

En Bilbo, ante un aforo completo, The Vientre actuaron en primer lugar, en segundo, King Putreak, y en último, MareaThe Vientre lo bordaron con su pionero, explosivo y genuino cóctel de rumba canalla y poesía de calle, todo ello aderezado con un aura propia de marcado regusto a desvergonzada ternura y  cabaret. Respecto a King Putreak, en su segunda vez en el Antzoki, cumplieron con creces, destacando la interpretación mano a mano de Miel y morralla por el Babas y Francis de Doctor Deseo, antes de acabar King Putreak y The Vientre tocando a rebullón dos hits de una tercera formación en la que también militaban los Kikes, Huevos Canos. Acto seguido salieron los Marea, incandescentes escenario y teatro desde los primeros acordes de Barniz, tema con el que arrancaron, con el público cantando con el alma canciones como Duerme conmigoCorazón de mimbre, No quiero ser un poetaTrasegando (todavía no lo cantaba el Piñas: comenzaría a hacerlo por sorpresa pocos meses después, en Elgoibar) o  Marea, última en sonar: cantándolas y sintiéndolas con el alma, como siempre fue y sigue siendo.  

Varias veces más desembarcaron King Putreak, The Vientre y su poesía politoxicómana en Pamplona y comarca con motivo de la presentación de B.N.C.A: por lo menos en tres ocasiones los primeros en el Terminal entre 2000 y 2003 (tal y como dijeron en una de ellas, “los grupos grandes sacan un disco cada cuatro años y lo presentan una vez mientras que los pequeños sacan uno en ese período pero lo tienen que presentar cuatro veces o más”), y una The Vientre, formando parte del cartel del Maiatza Rock burladés de 2001. Dicho día abrieron para Josetxo Ezponda ‘el Bicho’, protagonizando ambos artistas, que se tenían gran admiración y cariño entre sí, dos conciertos radicalmente distintos: el de The Vientre, súper vitalista y canalla. 

2005, por fin, trajo la grabación de un segundo disco para las dos formaciones, labor que afrontaron con Kolibrí a los mandos estrenando los recién creados Estudios R-5 de Marea, sitos por entonces en Larragueta. El trabajo fue mezclado en otros estudios, El Sótano, Artica,  por alguien muy cercano a los de Berriozar, Iker Piedrafita: todo quedaba en casa. El disco, sin haber visto aún la luz, lo presentarían en enero del 2006 en el Terminal, dónde si no. 2007 fue un año muy especial, tanto para los Kikes como para los Marea; estos, con motivo de su décimo cumpleaños, vieron la salida de una ‘caja- recopilatorio` muy especial, integrado su contenido entre otras cosas por un libro biográfico que tuve el placer de escribir, La Alegría en puñados de a diez, J. Óscar Beorlegui pregunta, los Marea contestan. El continente, que representaba la colorista furgoneta de la banda (Coces al Aire, Marea 1997-2007), fue presentado en Madrid el 4 de diciembre, en un acto que concluyó con la entrega de discos de oro para todos por las ventas de Las aceras están llenas de piojos. Pero la cosa no terminó ahí, pues, aprovechando esta visita de los navarros, King Putreak oficiaron por la noche la disolución del grupo, quedando materializada en Gruta 77 con un concierto que nunca olvidarán: entre otras razones, por el ‘Disco de Escombro’ que antes de empezar les fue entregado por Kutxi y Alén, en una noche de vino y risas y rosas por demás: perfecto colofón antes de que, musicalmente hablando, se bifurcasen los caminos de la ‘escombrera’ y concluyeran definitivamente las peripecias conjuntas de The Vientre y King Putreak: para los amantes de las emociones fuertes a pie de escenario nada volvió a ser igual.

J. Óscar Beorlegui

Chica Sobresalto en As Noites de Caudal Fest, Lugo

Es un placer anunciar la presencia de Chica Sobresalto en el ciclo As Noites de Caudal Fest, a celebrarse en Lugo en el mes de septiembre.

Nuestra artista actuará el sábado 12, con aforo reducido y todas las medidas de seguridad y distanciamiento social. Las entradas podrán adquirirse a partir de las 12:00h. del próximo lunes 10 en la web del festival: www.caudalfest.es

Chica Sobresalto desnudará sus canciones con su guitarra y su voz en el Caudal Fest y lo hará de forma realmente sensual, con la complicidad de Leire Celestino al piano: unas composiciones como las incluidas en Sobresalto, su primer disco; diferentes versiones escogidas por su sensibilidad y algunos temas de los llamados a integrar su nuevo álbum, dando lugar a unas atmósferas y a un mar de sensaciones de naturaleza emocionalmente introspectiva, más que propicias para dejarse mecer y estremecer: he aquí el porqué de que Chica Sobresalto esté siendo la sensación del verano.

Mi primera vez: así descubría Fito & Fitipaldis

1997, septiembre. De aquellas, yo seguía escribiendo en El Tubo, algo que hice hasta que desapareció la publicación. Un buen día fui a Bilbo para entrevistar a Platero y Tú por la publicación de 7, su séptimo trabajo; y  en uno de los lances del juego, tras comentar Iñaki Antón algunas jugadas también relacionadas con Extremoduro (pocas semanas antes había terminado en Donostia la gira de los de Roberto Iniesta y había comenzado la de Platero y Tú, compartiendo ambos grupos cartel y guitarrista), salió a relucir un nuevo nombre, Los Fitipaldis, siendo posiblemente en esa entrevista la primera vez que se publicó: “los cuatro hemos hecho algo a raíz del parón de Platero… Tenía unas canciones, vi que había tres meses pa´ vacilar y monté un rollo de amigos”, comentó el bueno de Fito sin ser consciente, o sí, de que estaba en puertas de un cambio. Sea por lo que fuere, en cuestión de poco tiempo Fito pasaría de cantar “Pero hoy no nos queda ilusión / y los sueños se pudren” (Si miro a las nubes, de 7) a entonar, acompañado por Roberto Iniesta a la voz, que estaba muy bien en su nube azul, Trozos de cristal. Fito & Fitipaldis. Pronto, muy pronto Gorka Limotxo se echaría a un lado y cedería su espacio a un soldadito marinero que le abriría todas las puertas a Fito. Que le llevaría al mejor de los puertos. 

La verdad es que en lo referente a mi ‘carrera’ de escribiente de rock & roll no me podía quejar, haciendo esos años entrevistas tan especiales para mí como la hecha en 1996 a Iñaki Antón como miembro de Extremoduro (marzo, tal vez la primera que hizo como integrante de dicha banda, sin que ni él ni yo supiéramos que era la primera), la realizada a él y a Robe en 1998 con motivo de la publicación de Canciones prohibidas o, ya en 1999, la que hice a las dos semanas o así de conocerles a otros grandes, los Marea.

Estuve en el concierto de Anoeta de Platero y Tú y Extremoduro, de estructura similar a la de los ofrecidos por las dos bandas juntas y revueltas en 1996. Sobre el escenario Iñaki era el hombre a una guitarra pegado, tal y como lo hubiera definido Francisco de Quevedo… El bolo, último de la gira de Extremo y primero de la de Platero (así concebidas las giras para que ‘Uoho’ pudiera grabar con unos mientras giraba con los otros), comenzó con una primera hora de Platero y Tú, sonando a continuación Jesucristo García y recogiendo el testigo así Extremoduro. A la hora, retornaron los primeros, haciendo lo propio a la media o así los segundos… Finalmente, la cosa acabó en orgía, con las dos bandas haciéndoselo al alimón como traca final hasta quedar rematado el polvo con Ama, ama, ama y ensancha el alma

Un año más tarde, el sueño ‘fitipaldi’ del soñador que siempre fue Fito comenzaría a materializarse con la publicación de un disco, A puerta cerrada, álbum concebido a corazón abierto que rebosaba intimidad, complicidad y desnudez por todos sus cortes, descolocando a propios y extraños tanto con la música como con las letras de las canciones: sin duda el contacto casi diario con la lucidez de Robe y el haber comenzado ya el trato con Manolillo Chinato estaban haciendo su trabajo. Con el paso del tiempo Fito acabaría siendo uno de los tres puntales sobre los que se erigiría el proyecto Extrechinato y Tú, que ya se estaba fraguando. ¿Cual fue el primer paso que le llevó a ello?

1996. Tras dar Platero y Tú y Extremoduro el último concierto de la que había sido la gira del año (sábado 10 de noviembre, Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid), encontrándose Fito de madrugada en su habitación, entró Robe con una especie de contrato redactado en un folio, y le pidió que lo firmara. “Fito, echa aquí una firma”, y Fito, a cambio de que le dejara dormir, sin ver de qué se trataba lo firmó. Sin comerlo ni beberlo se había comprometido a participar en la grabación de un próximo disco basado en la poesía de Manolo Chinato. Qué suerte tuvimos.

A puerta cerrada sorprendió por su sencillez, destilando un rock & roll de trago fácil pese a la variedad de los ingredientes utilizados en el cóctel: blues, rockabilly, swing, charlestón… Sin dejar de lado guiños hasta al flamenco, quedando plasmado lo dicho en un surtido de canciones como Rojitas las orejas, Barra americana, ¡Qué divertido!Mirando al cielo, Ojos de serpiente… más que perfectas para volver a ser persona las mañanas de resaca o para resucitar las tardes de domingo. O como Quiero beber hasta perder el control, versión de Los Secretos hecha con Enrique Urquijo aún en vida que, personalmente, me llevaba a canciones de 7 como Al cantar o Qué larga es la noche: aunque aún disfrutaríamos de otro disco más de Platero y TúCorreos, a la vista del alma de las canciones de A puerta cerrada, claramente podríamos afirmar que esas dos canciones apuntadas, Al cantar o Qué larga es la noche, son de transición. 

Recuperando el espíritu de aquella gira de 1996, 1999 vio la salida de gira de los extremeños con Fito como encargado de abrir los conciertos, comenzando el tour en Pamplona el 20 de marzo (“deja que llegue / la primavera”…) y pasando por Donostia nuevamente en septiembre. Se cuenta, se dice, que en el habitual ambiente de compadreo reinante entre Robe y Fito, el primero le dijo al segundo que quería salir de gira, a ver si sabía de algún grupo que tuviera algún cantante peor que él. “No me jodas”, respondió el de Bilbo… Ya en los conciertos, tras la actuación de Fito & Fitipaldis, se producía el cambio de bandas sin que la música dejase de sonar. El cambio tenía lugar cuando terminaba Mientras tanto, versión de Leño que se incluiría años después en Los sueños locos. Nada más concluir la canción, bajo los primeros acordes de Salir (banderín de enganche de Extremoduro de aquel año), giraba 180 grados la tarima redonda sobre la que reposaban dos baterías,  plantándose como por arte de magia el baterista de Extremoduro ante los estupefactos ojos de los presentes e incorporándose acto seguido al escenario los músicos y Robe de cara al comienzo propiamente dicho de la canción. Así, con Platero y Tú en el dique seco nuevamente e Iñaki enfrascado al cien por cien en Extremoduro, todo quedaba en casa, yendo Fito también de gira y pudiendo disfrutar además de grandes minutos de oro, como los que vivía al salir al escenario para cantar en Golfa

2001, el año de la desaparición fáctica de Platero y Tú, trajo un segundo disco de Fito & Fitipaldis, con el que llevarían a cabo su primera gira de salas antes de que explotara todo: algo que ocurrió en 2004, cuando de manos de un tema titulado Soldadito marinero, segundo single de Lo más lejos, a tu lado, tras años de tocar y tocar, Fito tocó a mano abierta el cielo con las manos, catapultando la canción al grupo hasta unas dimensiones en las que ni él mismo, en el mejor de sus sueños locos, soñó. 

Fito & Fitipaldis presentaron Los Sueños locos el 12 de enero de 2002 en la recordada sala Artsaia de Pamplona, llenándola por completo. Con el enfervorizado público lo más lejos, a su lado, en su último concierto en Navarra fuera de grandes recintos: espacios en los que, al igual que en el resto del país, su presencia se convertiría en habitual.

Tal y como hiciera en sus primeros trabajos, en el tercer álbum de Fito también se incluiría una versión, siendo esta vez la elegida Quiero ser una  estrella, de Los Rebeldes. Esta forma de proceder, rendir homenaje y sincero tributo a músicos que en opinión de Fito así lo merecían, se mantendrá en todos los trabajos del pequeño gran bilbaíno, viéndose incluidas en ellos versiones de Deltoya, Extremoduro (Por la boca vive el pez); Todo a cien, La Cabra Mecánica (Antes de que cuente diez); Nos ocupamos del mar, Javier Krahe (Huyendo conmigo de mí) o la de Entre dos mares de su banda madre, Platero y Tú, incluida en Fitografías. Y todo ello, ya que estamos, sin dejarnos en el tintero las enormes revisiones hechas a temas de Barricada (Callejón sin salida, con Robe también tomando parte) o La Negra Flor, de Radio Futura… Y sin dejarnos en el olvido la del Y yo qué sé de Tequila, perpetrada con Platero y Tú y Extremoduro en 1997. Llegados a este punto me pregunto, ¿habrá habido dos bandas que hayan colaborado más entre sí? ¿Dos bandas hermanadas como estas? En caso de que sí, me las presenten. Hasta entonces, mientras tanto, seguiremos esperando, mirándole a la luna el ombligo por ejemplo… ¿Las habrá? Irrepetibles ambas. Seguro que no. 

Mi primera vez: así descubrí a Platero y Tú

Al tiempo que en Pamplona/Iruñea, a principios de la nueva década, se vivía a toda velocidad y se cocía lo que se cocía, en Bilbo se estaba cocinando a fuego lento la primera entrega de canciones de un grupo llamado a dar mucho que hablar los siguientes años; una banda a la que descubriría en mayo de 1991 tocando en un bar de Pamplona, el Terminal: su nombre, Platero y Tú

Al contrario que otras bandas locales que en mi primera vez me habían impactado, Platero y Tú llamaron mi atención por la maestría que mostraron los músicos a sus respectivos instrumentos, dejándolo entrever, capitaneados por un Fito y un ‘Uoho’ que ya destacaban, con unas canciones joviales y frescas cuyas letras estaban claramente al servicio del hecho musical. Unas composiciones cuyos autores demostraban haber bebido hasta acabar borrachos de fuentes como Ted Nugent, AC/DC, Status Quo o John Fogerty (en vez de hacerlo directamente de botellas de todo tipo), y que moldeadas por ribetes estilísticos muy próximos a los de los citados, conducían al grupo por la dirección correcta en lo que a hacer rock & roll hacía referencia. En ellas, a pelo, había mucho rock & roll.  

No era la primera vez que Platero y Tú visitaban Pamplona: ya lo habían hecho en 1990, al poco tiempo de formar el grupo, con el fin de grabar una maqueta en los Estudios Arión: cinta que presentaron en el Terminal junto con los temas del llamado a ser su primer disco, Voy a acabar borracho, que sería publicado un mes después del concierto. Siendo de Bilbo, ¿Cómo recalaron Platero y Tú en la ciudad? Un hermano de uno de los socios de Arión tenía un comercio en Deusto, Bilbo, y un familiar de ‘Uoho’, que era cliente del negocio, se enteró de de la existencia de dichos estudios de sonido… Y para la capital navarra que fueron los cuatro bilbaínos, Fito Cabrales, Iñaki Antón, Juantxu Olano y Jesús García. Fue en dichos estudios, a la hora de cumplimentar la ficha y pagar las horas de grabación, donde se bautizaron como Platero y Tú, haciendo referencia el término ‘Platero’ a ellos mismos, los burros, y representando el ‘Tú’ un cómplice guiño al público, ingrediente imprescindible desde siempre en sus directos: “no quiero que pienses / que se me ha olvidao / que yo soy muy poco / si no estás a mi lao…” He aquí tal y como deja entrever uno de sus primeros temas, Canción pa´ ti, a quién llevaron siempre por bandera además de al rock & roll, al público.

Aquella vez, 23 de mayo de 1991, no fue la primera en que veía un concierto en un bar, pese a no ser los bares de finales de los ochenta  programadores habituales de actuaciones: para entonces ya había visto a Cicatriz en el bar La Granja, 1987, y había oído hablar de conciertos de Barricada o Malos Tratos en el Garazi, algunos años atrás. La organización regular de conciertos en bares se normalizó hacia 1988/1989, gracias en parte al Terminal, que programaba los jueves (habiendo rulado por su escenario en 1989 bandas como Potato), o al Black Rose de Burlada, donde quemaron cuerdas Quemando Ruedas un martes en los primerísimos noventa. 

Hablando de bares programadores de música en vivo o en los que se podía tocar, expresiones no necesariamente sinónimas, no podemos menos que echar la vista atrás y citar el Lacalle de la Jarauta de Pamplona, auténtico pionero en la materia entre 1982 y 1983 de manos del espíritu rockero de su propietario, el hoy reconocido fotógrafo Joxe Lacalle. El local disponía de una gran bodega en el sótano, y en un primer momento cedieron dicho espacio para ensayar a Etorkizuna, banda de folk en la que tocaba la batería Mikel Astrain, posteriormente en Barricada. A los meses comenzaron a ensayar allí Alpargatas Cuando Llueve Blues Band y El Pájaro Loco, con Antonio Armendáriz (Ser-Vicio Público, Refugiados, Párockos) y un hermano de Boni ‘Barricada’ en sus filas… Y una cosa llevo a la otra. Y montaje de un pequeño escenario mediante y de una improvisada barra, se comenzaron a hacer conciertos en el sótano, actuando los Alpargatas y El Pájaro Loco casi semanalmente (aportando el equipo entre ambos grupos) y, entre otros, Tubos de Plata o Magdalena, subiendo además al escenario los grupos presentes como público si así lo decidían sobre la marcha: algo que debieron hacer Barricada, antes de grabar Noche de Rock & Roll. Finalmente, la experiencia se fue al traste como consecuencia del asalto de la zona por parte de la heroína… 

Volvamos al Terminal: la verdad es que aquellos primeros temas de Platero y Tú (Un abc sin letras, Si tú te vas, Cómo has perdido tú…), coreados a voz y corazón en grito, eran la banda sonora perfecta de los bares como aquel, lugares que en sus principios tanto cuartelillo dieron a grupos como este.

Pero, además de a Pamplona, aquel 1991 llevó a Platero y Tú hasta Villadiego, provincia de Burgos, donde ofrecieron un concierto que fue todo un punto de inflexión para el devenir de los próximos años del cuarteto, habida cuenta de la banda con la que compartieron cartel y lo que se derivaría de ello: en dicho pueblo coincidieron con Extremoduro.

Iñaki Antón y Roberto Iniesta congeniaron desde el principio, pero aún habrían de pasar dos años hasta que el destino (y una bendita idea de Selu, quien había sido saxofonista de Reincidentes), hizo que se cruzaran nuevamente los caminos del de Platero y el de Extremoduro; dicha idea se tradujo en mayo de 1993 en el intento por parte de Selu de montar una  banda muy especial, Pedrá, integrada por él al saxo; Robe, a la voz;  Iñaki, a las guitarras, Dieguillo (en Quemando Ruedas por entonces), al bajo, y Gary, de Quattro Clavos, a la batería. La idea quedó plasmada en un disco integrado por una canción de cerca de 30 minutos de duración que, grabado en agosto de dicho 1993, pese a que había una discográfica interesada en el proyecto, terminó cogiendo polvo en un cajón, pues el sello se echó a última hora para atrás. Finalmente el trabajo, concebido como el primero de Pedrá, vio la luz en 1995, siendo publicado, condición sine qua non mediante de la discográfica de Extremoduro, como el quinto disco de los de Robe. 

Fito también participó en Pedrá, tocando la guitarra flamenca, devolviendo Robe colaboración a Platero y Tú al año siguiente, 1994, cantando en Juliette (Hay poco rock & roll). Entre medio, con las  trayectorias de Platero y Extremoduro corriendo de forma muy paralela (ambos contaban con cinco discos editados), la amistad y complicidad de  Robe e Iñaki se fue haciendo más sólida cada día, traduciéndose en que de forma totalmente natural terminara ocurriendo algo inaudito hasta la fecha en el rock español: la incorporación de Iñaki ‘Uoho’ Antón en 1996 como miembro de Extremoduro, tras encargarse entre 1995 y 1996 de la preproducción y producción de Agila, de tocar hasta ocho instrumentos en el disco e incluso de renovar la formación del grupo. A una con la llegada de ‘Uoho’, pocos meses después de la publicación de Agila la bomba de relojería que para muchos de nosotros era Extremoduro por fin estalló, viéndose abocado a partir de entonces el de Platero a compaginar los dos grupos y a ver cómo se le multiplicaba el trabajo sobre los escenarios, toda vez que tocaba en los dos y, en una increíble vuelta de tuerca, durante 1996, los dos giraron juntos en total loor de multitudes, tocando juntos y revueltos. Siendo esto así, tres horas largas de concierto no se las quitaba nadie. Y cuando no tocaba girar, tocaba grabar, algo que volvió a hacer Iñaki con Platero y Tú en 1997 (7, colaborando Robe en Si miro a las nubes) y en 2000, Correos (haciéndolo en Entrando cruzado y Humo en mis pies), disco cuya publicación vino a marcar el principio del fin de la banda… Estaba claro que tras una década vivida en directo a todo gas, la motivación ya no era la misma, y menos con los dos creadores de la banda enfrascados en otros proyectos: Iñaki en Extremoduro y Fito, con la cabeza desde 1997 en Fito & Fitipaldis, con quienes ya había publicado dos discos para el 2001. Sea por lo que fuere, lo cierto es que tras cerrar gira en Madrid en octubre de ese año, Platero y Tú se diluyó… De forma natural, como se deshace la nieve con el sol, dejando un recuerdo y un hueco que a día de hoy nadie ha conseguido llenar.

J. Óscar Beorlegui

Mi primera vez: así descubrí a La Polla Records

La noche que fue mi niñez (metáforas aparte) terminó cuando descubrí a Leño, representando su descubrimiento la salida del sol. Pues bien, la luz de ese sol llegó a alcanzar cotas insospechadas tras descubrir a La Polla Records, un día de abril de 1983. Y es que, si bien las letras y maneras de Leño y de otros como Barón Rojo ya habían hecho mella en mí (¿cómo no acordarme del Volumen Brutal, de estos últimos?) las de Evaristo hicieron diana desde el minuto uno, haciendo que pareciesen menores las de aquellos desde que el de la Polla abriera la boca aquella tarde noche de aguas mil. Afortunadamente escampó a tiempo, y lo que vi representó la luz al final del túnel de mi infancia… Sin que dicha luz fuera la del faro de un tren que viniese de frente. Aquel día quedó atrás la noche y comenzó en mi vida a amanecer. 

El acontecimiento sucedió en el paseo de Sarasate de Pamplona, frente al monumento de los Fueros, el 16 de abril de 1983. Poco habíamos oído a aquel grupo, La Polla Records. Si fuimos a verlo fue porque era un concierto gratuito y porque lo organizaba Radio Paraíso. Al igual que a mi familia, al Gobernador Civil de la época, Luis Roldán, aquella emisora, en funcionamiento desde 1980, no le debía caer muy bien, y prueba de ello es que el 29 de marzo de aquel año había decidido clausurarla. Como medidas de protesta, la radio organizó algunas manifestaciones y unos cuántos conciertos, siendo estos los sábados 16, 23 y 30 de abril. En el primero de ellos estaban programados Tubos de Plata, Pabellón Negro (banda en la que militaba Alfredo Piedrafita) y La Polla Records. 

El nombre del conjunto nos sonaba, lo habíamos visto en carteles por Pamplona meses atrás, pues habían sido convocados en  Nochevieja para tocar en una fiesta en el frontón Labrit denominada Nochevientos en el Paraíso, organizada por una revista llamada Cuatrovientos y dicha emisora pirata: las 700 ‘calas’ que costaba la entrada fueron las culpables de que ni se nos pasase por la cabeza asistir. 

Banco Vaticano, presentada por el legendario guitarrista Txarly como La mafia de las sotanasCanción de cuna, y una frase, “Vas con tu uniforme / y con tu mente deformeeeee”, he aquí algunos de mis imborrables recuerdos de aquella tarde de abril, además de la imagen de Evaristo desafiando al público con una chaqueta caqui llena de imperdibles y gesticulando de lado a lado del escenario como si no hubiera un mañana. Los ciudadanos de orden, atónitos, contenían la respiración en sus paseos vespertinos: en el corazón de la city nunca se había visto nada igual.

Dicho 1983 fue fructífero en lo referido a volver a ver a La Polla Records, pues pronto tocaron en la Ciudadela de Pamplona, en junio, en el marco de una fiesta organizada por la discográfica Soñua, y al mes siguiente en Sanfermines, dentro de una programación de apoyo a los grupos noveles, en la plaza de los Fueros. Allí fue donde sonó por primera vez la canción de las canciones, Salve. Para entonces ya contaban con el primer single, Y ahora qué, pero aquello, que tuvieran  o no tuvieran disco, nos daba igual. 

Grupos como La Polla Records representaban la más inimaginable transgresión que ni tan siquiera nos habíamos atrevido a soñar, y, con la fe del converso, íbamos a absorber sus canciones como si fuésemos esponjas, algo que hacíamos entre trago y trago de lo que hubiera. Por otra parte, tampoco íbamos a aquellos conciertos por apoyar a las bandas, sino porque nos gustaban. Porque eran ‘auténticas’,  que se decía en la época. A lo que sí que íbamos por militancia era a manifestaciones como las organizadas aquel año para protestar contra los continuos cierres (‘txapes’, en terminología de la época) de Radio Paraíso. 

Animados por la tenacidad de aquella emisora y tal vez espoleados por las embestidas que le eran propinadas desde el Gobierno Civil, la gente de los grupos ecologistas de Pamplona decidió en 1982 poner en marcha otra radio libre en la ciudad, surgiendo así Eguzki Irratia. Pues bien, como si se tratara de celebrarlo, con motivo del primer aniversario de aquella clausura de Radio Paraíso, la Policía se marcó su pequeña venganza cerrando a finales de marzo de 1984 las dos emisoras, dos al precio de una, procediendo ambas a organizar un concierto de protesta en mayo de 1984: la cita fue en el quiosco de la plaza del Castillo, y los artistas encargados de animarla, Rip y la Polla Records, en la que sería la presentación ‘oficiosa’ de Salve en Pamplona: la oficial sería en octubre de ese mismo año en el Pabellón Anaitasuna. 

Dicho 1984, además, vio mi debut en el mundo de las ondas y en el laboral. Desde que tuve uso de razón (musical), había soñado con hacer un ‘turno’ (así se les llamaba a los programas) en Radio Paraíso, algo que no conseguí, reactivándose dicho deseo a una con la irrupción de Eguzki Irratia. Y dicho y hecho. En aquel concierto conocimos a gente de dicha radio y mi sueño se hizo realidad. Los locales de la Eguzki estaban por entonces en la C/ Jarauta, en un cuarto piso, y los diferentes ‘turnos’ dejábamos y cogíamos las llaves en el bar Malembe. Aún recuerdo cuando llegó el Salve a la emisora, cómo recibimos el disco: todos y cada uno de los programas hicimos un ‘especial’.

Respecto a mi bautismo laboral, diré que pese a que estaba estudiando, la perentoria necesidad económica a la que siempre estaba abocado me animó a  buscar una ocupación. Así pues, decidí pedir trabajo en un bar de Calderería al que íbamos a diario, el Adiskideak. Y me cogieron para ayudar los fines de semana en verano, Sanfermines incluidos: Sobra decir qué disco compré el 15 de julio con parte de lo que cobré…

Ya con la cinta de Salve en mi poder, lo mejor fue llegar a casa y darle al Play: qué caras las de mi madre conforme se iban sucediendo las canciones, siendo el momentazo, el minuto de oro para la posteridad, la que puso cuando sonó Salve. Aquel disco lo tenía todo, incluso un orondo fraile en la portada que dio mucho juego en el hogar, pues se parecía endemoniadamente a un pariente carmelita. Viendo el éxito que estaba cosechando la cinta, por hacerles rabiar en casa, decía que el caricaturesco fraile era el pariente, que yo lo había dibujado y había mandado el dibujo al grupo. A partir de entonces, cada vez que sonaba  Salve, mi madre se ponía nerviosa y quitaba la luz de casa, para no escuchar la canción: con ningún otro disco se repitió tal reacción. 

A partir de entonces, vuelta actual a la actividad musical, prórroga o bola extra aparte, vi con asiduidad a La Polla Records durante veinte años, hasta que finalmente, en agosto de 2003, se separaron, siendo yo testigo, sin saberlo, de su antepenúltimo concierto en Estella/Lizarra. La cita contó con Tijuana in Blue como compañeros de cartel de lujo, en su azaroso regreso de dicho año… Además de La Polla Records, me voy a poner serio, algo más terminó para mí aquel mes de agosto musicalmente hablando: el siglo XX. Pese a que la carrera de Evaristo siguió siendo prolífica y suculenta (The Kagas, The Meas, Gatillazo), algo murió en nuestra alma cuando la Polla Records, tras más de dos décadas escribiéndola, pasaron a ser historia. Ya nada fue igual.

J. Óscar Beorlegui

Mi primera vez: así descubrí a Extremoduro

Extremoduro llegó a mi vida sin avisar. Sin premeditación, nocturnidad ni alevosía. Lo hizo como un amor tardío, cuando yo ya pensaba, qué osada es la juventud y qué atrevida la ignorancia, que a mis 25 años ninguna banda que pudiera escuchar me impactaría ya de forma determinante. Que ningún grupo podría alterar mis emociones tal y como lo habían hecho para entonces La Polla Records, Barricada o Cicatriz, por citar unos ejemplos. Ah, qué equivocado estaba, como años más tarde la vida y sus lecciones me lo volvería a recordar. 

Fue en agosto de 1992, año en el que me dejé caer por la Feria de Málaga. Allí sucedió todo. La primera noche, la única que se podía salir por el Centro de la ciudad (las restantes jornadas, en horario nocturno, la feria se trasladaba al Real, en las afueras de la capital) di con un bar de esos que horas antes hubiese pagado por encontrar. Con un bar… Imposible a priori en aquellos lares, en medio de aquel maremágnum de establecimientos llenos sus mostradores (y suelos) de botellas de fino, de faralaes, banderitas y típicos ornamentos sus techos y paredes y, a todo volumen, sevillanas  dando color al ambiente… 

Fui callejeando por la parte vieja y menos turística de la ciudad, por calles nada concurridas pese a la algarabía de otras próximas; de pronto tuvo lugar el hallazgo: Honky Tonk, leí un deslavazado cartel que pendía sobre un pórtico que parecía albergar gente en su interior. Y lo más importante para mí a aquellas horas: vida, más allá de lo que se cocía en la ciudad. 

Efectivamente, aquel era el local que mi instinto, aun sin saberlo, llevaba horas buscando. Allí, ante mí, estaba la razón que me había llevado a caminar y profundizar por aquellas callejuelas de andar seguramente inmoral. Honky Tonk, estaba abierta la puerta, todo un mundo de previsibles placeres conocidos se me ofrecía: una atmósfera cargada en su punto; gente vestida de forma normal, bafles cutres escupiendo a todo trapo rock and roll, cubatas digeribles para el bolsillo…  Sobra decir que allí me quedé toda la noche.

Al día siguiente, por aquello de despejar la niebla gris de mi cabeza, salí con mi walkman a mediodía, pero lejos de buscar la playa o el paseo marítimo, regresé sobre mis pasos con la fe del converso: fui a ver si existía aquel bar o todo había sido fruto de una ensoñación. Sí, allí estaba, y abierto. Recién fregado el suelo aunque la barra todavía era pasto de ceniceros llenos, botellines semivacíos y vasos apegados. Y allá estaba el mismo camarero que la noche anterior, afanándose en recogerlo todo. Tras pedir Coca Cola con mucho hielo, me ofrecí a echarle una mano, y pronto entablamos conversación: charla que, indudablemente, comenzó a girar alrededor de la música. 

El hombre quedó impresionado cuando le hablé de los nuevos discos de bandas vascas que habían sido publicados aquel año, ¡no tenía ni idea! Conocía a los grupos que le nombraba, pero no sabía de la existencia de aquellos trabajos ni, lo verdaderamente preocupante para él, tampoco cómo conseguirlos.

Pasó la semana de Feria, y la víspera de volver a Pamplona, pasé por el Honky Tonk a despedirme. En señal de amistad, decidí regalarle al camarero las cintas grabadas que me había llevado de vacaciones: los nuevos discos de Cicatriz, Negu Gorriak y Soziedad Alkohólika. El hombre se quedó sin saber qué decir, mirando las cintas como si de pequeños tesoros se tratase, hasta que en un momento dado se encaminó al almacén regresando con un disco de vinilo: “toma, te voy a regalar este disco, a ver si te gusta. Dejó un tipo un montón para vender y no he vendido ninguno”, me dijo extendiéndome el LP. “¿Los conoces?”, continuó.  Se trataba del Somos unos animales, segundo álbum de Extremoduro. El nombre me quería sonar, lo había visto escrito alguna vez, pero no los había escuchado. 

 Ya de vuelta a Pamplona, tras darle vueltas y más vueltas (al vinilo y a la cabeza: reconozco que aquel disco me la voló), caí. Ya sabía dónde había visto antes aquel nombre tan singular: en mi casa. ¡En una maqueta que había comprado el año anterior porque salía La Polla Records! Se trataba de una cinta que reunía canciones de Extremoduro y La Polla por la cara A y de Potato y Rosendo, por la B. El artefacto en cuestión, aquello era pura metralla sonora, se grabó en septiembre de 1990 durante un concierto celebrado en las fiestas alternativas de Mikelin 90 en Abetxuko, Gasteiz. Las canciones de Extremoduro que se incluyeron fueron Jesucristo García (con la posterior Ama, ama, ama y ensancha el alma recitada como introducción por un torrencial Manolillo Chinato) y Emparedado. Sobra decir lo impactado que me quedé cuando las escuché… y el cargo de conciencia que me entró por no haberlo hecho antes de aquel día, teniendo la cinta en casa como la tenía.

A una con el descubrimiento, pronto cambiaron las tornas, pasando a ser aquellas canciones, desde entonces, las más escuchadas de la cinta: y ya no solo en mi casa, sino principalmente en el programa que por entonces hacía en la radio libre de Iruñea Eguzki Irratia, espacio radiofónico cuya sintonía de entrada, además, pasó a ser La canción de los oficios, y la de salida, Quemando tus recuerdos, ambas de Somos unos animales. Ni que decir tiene que todas las semanas llamaban oyentes preguntando por aquel grupo que amenazaba con volar y revolucionar almas, corazones y cabezas sin posibilidad de vuelta atrás. 

¿Cómo había podido vivir hasta entonces sin aquella banda?, me preguntaba una y mil veces escuchando sus canciones sin cesar; unos temas de provocador carisma y deslenguada personalidad marcados a fuego por la malencarada voz de Roberto Iniesta, piedra angular del grupo. Pronto descubrí que aquellos Extremoduro contaban con otros dos discos que yo no conocía, y que adquirí de inmediato: los descomunales Rock transgresivo (Tú en tu casa, nosotros en la hoguera) y Deltoya. “Bueno, no hay mal que por bien  no venga”, pensaba  para mí tratando de autoconsolarme siendo consciente de lo siguiente, por otra parte: de la inmensa suerte que había tenido, pues no en vano se habían presentado en mi vida sin avisar, como acostumbran a llegar las cosas buenas, y con aquellos tres trabajos (maqueta aparte). De golpe, dando todo un golpe de mano en mi ser cuando ya pensaba que lo había visto todo…

A partir de entonces llegué puntual a sus restantes discos y pude asistir a inolvidables conciertos de Extremoduro. Fascinantes siempre. Irrepetibles, con la música y el caudal lírico de Robe desangrándose a borbotones sin que nadie pudiera contener la hemorragia. Con el magma sonoro resultante salpicando a diestro y siniestro como si de lava se tratase.  

Una cosa me quedó clara desde aquellos días: aquellos Extremoduro habían venido para quedarse.

J. ÓSCAR BEORLEGUI

Robe, Yo me quedo contigo aquí: un vídeo desde su encierro.

Con el fin de que nos resulte más llevadera la cuarentena que estamos padeciendo, Roberto Iniesta, Robe, alma mater de Extremoduro, nos regala a todos este vídeo, Yo me quedo contigo aquí.

He aquí su mensaje íntegro:

“Hola a todos, espero que lo llevéis lo mejor posible. Me gustaría daros un poco de ánimo.

Una vez me dijo mi primo Potri, Antonio Ojea, que no le gustaba que le vieran haciendo bocetos cuando dibujaba. Literalmente, me dijo que para él era como si le vieran cagando.

Y le comprendí, porque a mí me pasa un poco igual, así que seguramente me arrepentiré de este vídeo, pero no importa.

Afortunadamente, en mi vida, he hecho muchas cosas de las que luego me he arrepentido.
¡Besos y abrazos!

Robe”

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Gira de despedida de Extremoduro

La separación de Extremoduro, hecha pública por la banda esta semana, se materializará finalmente tras doce conciertos que tendrán lugar en mayo, junio y julio de 2020. Estas son las fechas, las ciudades y los recintos que los albergarán:

Cartel de la Gira de despedida

Las entradas para los conciertos ya están a la venta desde hoy jueves a las 15:00 a través de la red Ticketmaster

Este es el comunicado que he hecho público la legendaria formación para anunciar la presente gira de despedida:

No queremos irnos sin tocar una vez más las canciones que, de alguna forma, han contribuido a que seamos lo que somos, y que son una parte importante pero, al fin y al cabo, una más de las muchas que nos han unido tanto.

Quizá sean los conciertos más emocionantes de nuestra vida, pero no van a ser tristes porque pensamos disfrutarlos y exprimir al máximo cada momento para que no se nos escape ni un solo instante.

Alegres por vivir el presente mientras dure.

Besos y abrazos