Chica Sobresalto en As Noites de Caudal Fest, Lugo

Es un placer anunciar la presencia de Chica Sobresalto en el ciclo As Noites de Caudal Fest, a celebrarse en Lugo en el mes de septiembre.

Nuestra artista actuará el sábado 12, con aforo reducido y todas las medidas de seguridad y distanciamiento social. Las entradas podrán adquirirse a partir de las 12:00h. del próximo lunes 10 en la web del festival: www.caudalfest.es

Chica Sobresalto desnudará sus canciones con su guitarra y su voz en el Caudal Fest y lo hará de forma realmente sensual, con la complicidad de Leire Celestino al piano: unas composiciones como las incluidas en Sobresalto, su primer disco; diferentes versiones escogidas por su sensibilidad y algunos temas de los llamados a integrar su nuevo álbum, dando lugar a unas atmósferas y a un mar de sensaciones de naturaleza emocionalmente introspectiva, más que propicias para dejarse mecer y estremecer: he aquí el porqué de que Chica Sobresalto esté siendo la sensación del verano.

Mi primera vez: así descubría Fito & Fitipaldis

1997, septiembre. De aquellas, yo seguía escribiendo en El Tubo, algo que hice hasta que desapareció la publicación. Un buen día fui a Bilbo para entrevistar a Platero y Tú por la publicación de 7, su séptimo trabajo; y  en uno de los lances del juego, tras comentar Iñaki Antón algunas jugadas también relacionadas con Extremoduro (pocas semanas antes había terminado en Donostia la gira de los de Roberto Iniesta y había comenzado la de Platero y Tú, compartiendo ambos grupos cartel y guitarrista), salió a relucir un nuevo nombre, Los Fitipaldis, siendo posiblemente en esa entrevista la primera vez que se publicó: “los cuatro hemos hecho algo a raíz del parón de Platero… Tenía unas canciones, vi que había tres meses pa´ vacilar y monté un rollo de amigos”, comentó el bueno de Fito sin ser consciente, o sí, de que estaba en puertas de un cambio. Sea por lo que fuere, en cuestión de poco tiempo Fito pasaría de cantar “Pero hoy no nos queda ilusión / y los sueños se pudren” (Si miro a las nubes, de 7) a entonar, acompañado por Roberto Iniesta a la voz, que estaba muy bien en su nube azul, Trozos de cristal. Fito & Fitipaldis. Pronto, muy pronto Gorka Limotxo se echaría a un lado y cedería su espacio a un soldadito marinero que le abriría todas las puertas a Fito. Que le llevaría al mejor de los puertos. 

La verdad es que en lo referente a mi ‘carrera’ de escribiente de rock & roll no me podía quejar, haciendo esos años entrevistas tan especiales para mí como la hecha en 1996 a Iñaki Antón como miembro de Extremoduro (marzo, tal vez la primera que hizo como integrante de dicha banda, sin que ni él ni yo supiéramos que era la primera), la realizada a él y a Robe en 1998 con motivo de la publicación de Canciones prohibidas o, ya en 1999, la que hice a las dos semanas o así de conocerles a otros grandes, los Marea.

Estuve en el concierto de Anoeta de Platero y Tú y Extremoduro, de estructura similar a la de los ofrecidos por las dos bandas juntas y revueltas en 1996. Sobre el escenario Iñaki era el hombre a una guitarra pegado, tal y como lo hubiera definido Francisco de Quevedo… El bolo, último de la gira de Extremo y primero de la de Platero (así concebidas las giras para que ‘Uoho’ pudiera grabar con unos mientras giraba con los otros), comenzó con una primera hora de Platero y Tú, sonando a continuación Jesucristo García y recogiendo el testigo así Extremoduro. A la hora, retornaron los primeros, haciendo lo propio a la media o así los segundos… Finalmente, la cosa acabó en orgía, con las dos bandas haciéndoselo al alimón como traca final hasta quedar rematado el polvo con Ama, ama, ama y ensancha el alma

Un año más tarde, el sueño ‘fitipaldi’ del soñador que siempre fue Fito comenzaría a materializarse con la publicación de un disco, A puerta cerrada, álbum concebido a corazón abierto que rebosaba intimidad, complicidad y desnudez por todos sus cortes, descolocando a propios y extraños tanto con la música como con las letras de las canciones: sin duda el contacto casi diario con la lucidez de Robe y el haber comenzado ya el trato con Manolillo Chinato estaban haciendo su trabajo. Con el paso del tiempo Fito acabaría siendo uno de los tres puntales sobre los que se erigiría el proyecto Extrechinato y Tú, que ya se estaba fraguando. ¿Cual fue el primer paso que le llevó a ello?

1996. Tras dar Platero y Tú y Extremoduro el último concierto de la que había sido la gira del año (sábado 10 de noviembre, Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid), encontrándose Fito de madrugada en su habitación, entró Robe con una especie de contrato redactado en un folio, y le pidió que lo firmara. “Fito, echa aquí una firma”, y Fito, a cambio de que le dejara dormir, sin ver de qué se trataba lo firmó. Sin comerlo ni beberlo se había comprometido a participar en la grabación de un próximo disco basado en la poesía de Manolo Chinato. Qué suerte tuvimos.

A puerta cerrada sorprendió por su sencillez, destilando un rock & roll de trago fácil pese a la variedad de los ingredientes utilizados en el cóctel: blues, rockabilly, swing, charlestón… Sin dejar de lado guiños hasta al flamenco, quedando plasmado lo dicho en un surtido de canciones como Rojitas las orejas, Barra americana, ¡Qué divertido!Mirando al cielo, Ojos de serpiente… más que perfectas para volver a ser persona las mañanas de resaca o para resucitar las tardes de domingo. O como Quiero beber hasta perder el control, versión de Los Secretos hecha con Enrique Urquijo aún en vida que, personalmente, me llevaba a canciones de 7 como Al cantar o Qué larga es la noche: aunque aún disfrutaríamos de otro disco más de Platero y TúCorreos, a la vista del alma de las canciones de A puerta cerrada, claramente podríamos afirmar que esas dos canciones apuntadas, Al cantar o Qué larga es la noche, son de transición. 

Recuperando el espíritu de aquella gira de 1996, 1999 vio la salida de gira de los extremeños con Fito como encargado de abrir los conciertos, comenzando el tour en Pamplona el 20 de marzo (“deja que llegue / la primavera”…) y pasando por Donostia nuevamente en septiembre. Se cuenta, se dice, que en el habitual ambiente de compadreo reinante entre Robe y Fito, el primero le dijo al segundo que quería salir de gira, a ver si sabía de algún grupo que tuviera algún cantante peor que él. “No me jodas”, respondió el de Bilbo… Ya en los conciertos, tras la actuación de Fito & Fitipaldis, se producía el cambio de bandas sin que la música dejase de sonar. El cambio tenía lugar cuando terminaba Mientras tanto, versión de Leño que se incluiría años después en Los sueños locos. Nada más concluir la canción, bajo los primeros acordes de Salir (banderín de enganche de Extremoduro de aquel año), giraba 180 grados la tarima redonda sobre la que reposaban dos baterías,  plantándose como por arte de magia el baterista de Extremoduro ante los estupefactos ojos de los presentes e incorporándose acto seguido al escenario los músicos y Robe de cara al comienzo propiamente dicho de la canción. Así, con Platero y Tú en el dique seco nuevamente e Iñaki enfrascado al cien por cien en Extremoduro, todo quedaba en casa, yendo Fito también de gira y pudiendo disfrutar además de grandes minutos de oro, como los que vivía al salir al escenario para cantar en Golfa

2001, el año de la desaparición fáctica de Platero y Tú, trajo un segundo disco de Fito & Fitipaldis, con el que llevarían a cabo su primera gira de salas antes de que explotara todo: algo que ocurrió en 2004, cuando de manos de un tema titulado Soldadito marinero, segundo single de Lo más lejos, a tu lado, tras años de tocar y tocar, Fito tocó a mano abierta el cielo con las manos, catapultando la canción al grupo hasta unas dimensiones en las que ni él mismo, en el mejor de sus sueños locos, soñó. 

Fito & Fitipaldis presentaron Los Sueños locos el 12 de enero de 2002 en la recordada sala Artsaia de Pamplona, llenándola por completo. Con el enfervorizado público lo más lejos, a su lado, en su último concierto en Navarra fuera de grandes recintos: espacios en los que, al igual que en el resto del país, su presencia se convertiría en habitual.

Tal y como hiciera en sus primeros trabajos, en el tercer álbum de Fito también se incluiría una versión, siendo esta vez la elegida Quiero ser una  estrella, de Los Rebeldes. Esta forma de proceder, rendir homenaje y sincero tributo a músicos que en opinión de Fito así lo merecían, se mantendrá en todos los trabajos del pequeño gran bilbaíno, viéndose incluidas en ellos versiones de Deltoya, Extremoduro (Por la boca vive el pez); Todo a cien, La Cabra Mecánica (Antes de que cuente diez); Nos ocupamos del mar, Javier Krahe (Huyendo conmigo de mí) o la de Entre dos mares de su banda madre, Platero y Tú, incluida en Fitografías. Y todo ello, ya que estamos, sin dejarnos en el tintero las enormes revisiones hechas a temas de Barricada (Callejón sin salida, con Robe también tomando parte) o La Negra Flor, de Radio Futura… Y sin dejarnos en el olvido la del Y yo qué sé de Tequila, perpetrada con Platero y Tú y Extremoduro en 1997. Llegados a este punto me pregunto, ¿habrá habido dos bandas que hayan colaborado más entre sí? ¿Dos bandas hermanadas como estas? En caso de que sí, me las presenten. Hasta entonces, mientras tanto, seguiremos esperando, mirándole a la luna el ombligo por ejemplo… ¿Las habrá? Irrepetibles ambas. Seguro que no. 

Mi primera vez: así descubrí a Platero y Tú

Al tiempo que en Pamplona/Iruñea, a principios de la nueva década, se vivía a toda velocidad y se cocía lo que se cocía, en Bilbo se estaba cocinando a fuego lento la primera entrega de canciones de un grupo llamado a dar mucho que hablar los siguientes años; una banda a la que descubriría en mayo de 1991 tocando en un bar de Pamplona, el Terminal: su nombre, Platero y Tú

Al contrario que otras bandas locales que en mi primera vez me habían impactado, Platero y Tú llamaron mi atención por la maestría que mostraron los músicos a sus respectivos instrumentos, dejándolo entrever, capitaneados por un Fito y un ‘Uoho’ que ya destacaban, con unas canciones joviales y frescas cuyas letras estaban claramente al servicio del hecho musical. Unas composiciones cuyos autores demostraban haber bebido hasta acabar borrachos de fuentes como Ted Nugent, AC/DC, Status Quo o John Fogerty (en vez de hacerlo directamente de botellas de todo tipo), y que moldeadas por ribetes estilísticos muy próximos a los de los citados, conducían al grupo por la dirección correcta en lo que a hacer rock & roll hacía referencia. En ellas, a pelo, había mucho rock & roll.  

No era la primera vez que Platero y Tú visitaban Pamplona: ya lo habían hecho en 1990, al poco tiempo de formar el grupo, con el fin de grabar una maqueta en los Estudios Arión: cinta que presentaron en el Terminal junto con los temas del llamado a ser su primer disco, Voy a acabar borracho, que sería publicado un mes después del concierto. Siendo de Bilbo, ¿Cómo recalaron Platero y Tú en la ciudad? Un hermano de uno de los socios de Arión tenía un comercio en Deusto, Bilbo, y un familiar de ‘Uoho’, que era cliente del negocio, se enteró de de la existencia de dichos estudios de sonido… Y para la capital navarra que fueron los cuatro bilbaínos, Fito Cabrales, Iñaki Antón, Juantxu Olano y Jesús García. Fue en dichos estudios, a la hora de cumplimentar la ficha y pagar las horas de grabación, donde se bautizaron como Platero y Tú, haciendo referencia el término ‘Platero’ a ellos mismos, los burros, y representando el ‘Tú’ un cómplice guiño al público, ingrediente imprescindible desde siempre en sus directos: “no quiero que pienses / que se me ha olvidao / que yo soy muy poco / si no estás a mi lao…” He aquí tal y como deja entrever uno de sus primeros temas, Canción pa´ ti, a quién llevaron siempre por bandera además de al rock & roll, al público.

Aquella vez, 23 de mayo de 1991, no fue la primera en que veía un concierto en un bar, pese a no ser los bares de finales de los ochenta  programadores habituales de actuaciones: para entonces ya había visto a Cicatriz en el bar La Granja, 1987, y había oído hablar de conciertos de Barricada o Malos Tratos en el Garazi, algunos años atrás. La organización regular de conciertos en bares se normalizó hacia 1988/1989, gracias en parte al Terminal, que programaba los jueves (habiendo rulado por su escenario en 1989 bandas como Potato), o al Black Rose de Burlada, donde quemaron cuerdas Quemando Ruedas un martes en los primerísimos noventa. 

Hablando de bares programadores de música en vivo o en los que se podía tocar, expresiones no necesariamente sinónimas, no podemos menos que echar la vista atrás y citar el Lacalle de la Jarauta de Pamplona, auténtico pionero en la materia entre 1982 y 1983 de manos del espíritu rockero de su propietario, el hoy reconocido fotógrafo Joxe Lacalle. El local disponía de una gran bodega en el sótano, y en un primer momento cedieron dicho espacio para ensayar a Etorkizuna, banda de folk en la que tocaba la batería Mikel Astrain, posteriormente en Barricada. A los meses comenzaron a ensayar allí Alpargatas Cuando Llueve Blues Band y El Pájaro Loco, con Antonio Armendáriz (Ser-Vicio Público, Refugiados, Párockos) y un hermano de Boni ‘Barricada’ en sus filas… Y una cosa llevo a la otra. Y montaje de un pequeño escenario mediante y de una improvisada barra, se comenzaron a hacer conciertos en el sótano, actuando los Alpargatas y El Pájaro Loco casi semanalmente (aportando el equipo entre ambos grupos) y, entre otros, Tubos de Plata o Magdalena, subiendo además al escenario los grupos presentes como público si así lo decidían sobre la marcha: algo que debieron hacer Barricada, antes de grabar Noche de Rock & Roll. Finalmente, la experiencia se fue al traste como consecuencia del asalto de la zona por parte de la heroína… 

Volvamos al Terminal: la verdad es que aquellos primeros temas de Platero y Tú (Un abc sin letras, Si tú te vas, Cómo has perdido tú…), coreados a voz y corazón en grito, eran la banda sonora perfecta de los bares como aquel, lugares que en sus principios tanto cuartelillo dieron a grupos como este.

Pero, además de a Pamplona, aquel 1991 llevó a Platero y Tú hasta Villadiego, provincia de Burgos, donde ofrecieron un concierto que fue todo un punto de inflexión para el devenir de los próximos años del cuarteto, habida cuenta de la banda con la que compartieron cartel y lo que se derivaría de ello: en dicho pueblo coincidieron con Extremoduro.

Iñaki Antón y Roberto Iniesta congeniaron desde el principio, pero aún habrían de pasar dos años hasta que el destino (y una bendita idea de Selu, quien había sido saxofonista de Reincidentes), hizo que se cruzaran nuevamente los caminos del de Platero y el de Extremoduro; dicha idea se tradujo en mayo de 1993 en el intento por parte de Selu de montar una  banda muy especial, Pedrá, integrada por él al saxo; Robe, a la voz;  Iñaki, a las guitarras, Dieguillo (en Quemando Ruedas por entonces), al bajo, y Gary, de Quattro Clavos, a la batería. La idea quedó plasmada en un disco integrado por una canción de cerca de 30 minutos de duración que, grabado en agosto de dicho 1993, pese a que había una discográfica interesada en el proyecto, terminó cogiendo polvo en un cajón, pues el sello se echó a última hora para atrás. Finalmente el trabajo, concebido como el primero de Pedrá, vio la luz en 1995, siendo publicado, condición sine qua non mediante de la discográfica de Extremoduro, como el quinto disco de los de Robe. 

Fito también participó en Pedrá, tocando la guitarra flamenca, devolviendo Robe colaboración a Platero y Tú al año siguiente, 1994, cantando en Juliette (Hay poco rock & roll). Entre medio, con las  trayectorias de Platero y Extremoduro corriendo de forma muy paralela (ambos contaban con cinco discos editados), la amistad y complicidad de  Robe e Iñaki se fue haciendo más sólida cada día, traduciéndose en que de forma totalmente natural terminara ocurriendo algo inaudito hasta la fecha en el rock español: la incorporación de Iñaki ‘Uoho’ Antón en 1996 como miembro de Extremoduro, tras encargarse entre 1995 y 1996 de la preproducción y producción de Agila, de tocar hasta ocho instrumentos en el disco e incluso de renovar la formación del grupo. A una con la llegada de ‘Uoho’, pocos meses después de la publicación de Agila la bomba de relojería que para muchos de nosotros era Extremoduro por fin estalló, viéndose abocado a partir de entonces el de Platero a compaginar los dos grupos y a ver cómo se le multiplicaba el trabajo sobre los escenarios, toda vez que tocaba en los dos y, en una increíble vuelta de tuerca, durante 1996, los dos giraron juntos en total loor de multitudes, tocando juntos y revueltos. Siendo esto así, tres horas largas de concierto no se las quitaba nadie. Y cuando no tocaba girar, tocaba grabar, algo que volvió a hacer Iñaki con Platero y Tú en 1997 (7, colaborando Robe en Si miro a las nubes) y en 2000, Correos (haciéndolo en Entrando cruzado y Humo en mis pies), disco cuya publicación vino a marcar el principio del fin de la banda… Estaba claro que tras una década vivida en directo a todo gas, la motivación ya no era la misma, y menos con los dos creadores de la banda enfrascados en otros proyectos: Iñaki en Extremoduro y Fito, con la cabeza desde 1997 en Fito & Fitipaldis, con quienes ya había publicado dos discos para el 2001. Sea por lo que fuere, lo cierto es que tras cerrar gira en Madrid en octubre de ese año, Platero y Tú se diluyó… De forma natural, como se deshace la nieve con el sol, dejando un recuerdo y un hueco que a día de hoy nadie ha conseguido llenar.

J. Óscar Beorlegui

Mi primera vez: así descubrí a La Polla Records

La noche que fue mi niñez (metáforas aparte) terminó cuando descubrí a Leño, representando su descubrimiento la salida del sol. Pues bien, la luz de ese sol llegó a alcanzar cotas insospechadas tras descubrir a La Polla Records, un día de abril de 1983. Y es que, si bien las letras y maneras de Leño y de otros como Barón Rojo ya habían hecho mella en mí (¿cómo no acordarme del Volumen Brutal, de estos últimos?) las de Evaristo hicieron diana desde el minuto uno, haciendo que pareciesen menores las de aquellos desde que el de la Polla abriera la boca aquella tarde noche de aguas mil. Afortunadamente escampó a tiempo, y lo que vi representó la luz al final del túnel de mi infancia… Sin que dicha luz fuera la del faro de un tren que viniese de frente. Aquel día quedó atrás la noche y comenzó en mi vida a amanecer. 

El acontecimiento sucedió en el paseo de Sarasate de Pamplona, frente al monumento de los Fueros, el 16 de abril de 1983. Poco habíamos oído a aquel grupo, La Polla Records. Si fuimos a verlo fue porque era un concierto gratuito y porque lo organizaba Radio Paraíso. Al igual que a mi familia, al Gobernador Civil de la época, Luis Roldán, aquella emisora, en funcionamiento desde 1980, no le debía caer muy bien, y prueba de ello es que el 29 de marzo de aquel año había decidido clausurarla. Como medidas de protesta, la radio organizó algunas manifestaciones y unos cuántos conciertos, siendo estos los sábados 16, 23 y 30 de abril. En el primero de ellos estaban programados Tubos de Plata, Pabellón Negro (banda en la que militaba Alfredo Piedrafita) y La Polla Records. 

El nombre del conjunto nos sonaba, lo habíamos visto en carteles por Pamplona meses atrás, pues habían sido convocados en  Nochevieja para tocar en una fiesta en el frontón Labrit denominada Nochevientos en el Paraíso, organizada por una revista llamada Cuatrovientos y dicha emisora pirata: las 700 ‘calas’ que costaba la entrada fueron las culpables de que ni se nos pasase por la cabeza asistir. 

Banco Vaticano, presentada por el legendario guitarrista Txarly como La mafia de las sotanasCanción de cuna, y una frase, “Vas con tu uniforme / y con tu mente deformeeeee”, he aquí algunos de mis imborrables recuerdos de aquella tarde de abril, además de la imagen de Evaristo desafiando al público con una chaqueta caqui llena de imperdibles y gesticulando de lado a lado del escenario como si no hubiera un mañana. Los ciudadanos de orden, atónitos, contenían la respiración en sus paseos vespertinos: en el corazón de la city nunca se había visto nada igual.

Dicho 1983 fue fructífero en lo referido a volver a ver a La Polla Records, pues pronto tocaron en la Ciudadela de Pamplona, en junio, en el marco de una fiesta organizada por la discográfica Soñua, y al mes siguiente en Sanfermines, dentro de una programación de apoyo a los grupos noveles, en la plaza de los Fueros. Allí fue donde sonó por primera vez la canción de las canciones, Salve. Para entonces ya contaban con el primer single, Y ahora qué, pero aquello, que tuvieran  o no tuvieran disco, nos daba igual. 

Grupos como La Polla Records representaban la más inimaginable transgresión que ni tan siquiera nos habíamos atrevido a soñar, y, con la fe del converso, íbamos a absorber sus canciones como si fuésemos esponjas, algo que hacíamos entre trago y trago de lo que hubiera. Por otra parte, tampoco íbamos a aquellos conciertos por apoyar a las bandas, sino porque nos gustaban. Porque eran ‘auténticas’,  que se decía en la época. A lo que sí que íbamos por militancia era a manifestaciones como las organizadas aquel año para protestar contra los continuos cierres (‘txapes’, en terminología de la época) de Radio Paraíso. 

Animados por la tenacidad de aquella emisora y tal vez espoleados por las embestidas que le eran propinadas desde el Gobierno Civil, la gente de los grupos ecologistas de Pamplona decidió en 1982 poner en marcha otra radio libre en la ciudad, surgiendo así Eguzki Irratia. Pues bien, como si se tratara de celebrarlo, con motivo del primer aniversario de aquella clausura de Radio Paraíso, la Policía se marcó su pequeña venganza cerrando a finales de marzo de 1984 las dos emisoras, dos al precio de una, procediendo ambas a organizar un concierto de protesta en mayo de 1984: la cita fue en el quiosco de la plaza del Castillo, y los artistas encargados de animarla, Rip y la Polla Records, en la que sería la presentación ‘oficiosa’ de Salve en Pamplona: la oficial sería en octubre de ese mismo año en el Pabellón Anaitasuna. 

Dicho 1984, además, vio mi debut en el mundo de las ondas y en el laboral. Desde que tuve uso de razón (musical), había soñado con hacer un ‘turno’ (así se les llamaba a los programas) en Radio Paraíso, algo que no conseguí, reactivándose dicho deseo a una con la irrupción de Eguzki Irratia. Y dicho y hecho. En aquel concierto conocimos a gente de dicha radio y mi sueño se hizo realidad. Los locales de la Eguzki estaban por entonces en la C/ Jarauta, en un cuarto piso, y los diferentes ‘turnos’ dejábamos y cogíamos las llaves en el bar Malembe. Aún recuerdo cuando llegó el Salve a la emisora, cómo recibimos el disco: todos y cada uno de los programas hicimos un ‘especial’.

Respecto a mi bautismo laboral, diré que pese a que estaba estudiando, la perentoria necesidad económica a la que siempre estaba abocado me animó a  buscar una ocupación. Así pues, decidí pedir trabajo en un bar de Calderería al que íbamos a diario, el Adiskideak. Y me cogieron para ayudar los fines de semana en verano, Sanfermines incluidos: Sobra decir qué disco compré el 15 de julio con parte de lo que cobré…

Ya con la cinta de Salve en mi poder, lo mejor fue llegar a casa y darle al Play: qué caras las de mi madre conforme se iban sucediendo las canciones, siendo el momentazo, el minuto de oro para la posteridad, la que puso cuando sonó Salve. Aquel disco lo tenía todo, incluso un orondo fraile en la portada que dio mucho juego en el hogar, pues se parecía endemoniadamente a un pariente carmelita. Viendo el éxito que estaba cosechando la cinta, por hacerles rabiar en casa, decía que el caricaturesco fraile era el pariente, que yo lo había dibujado y había mandado el dibujo al grupo. A partir de entonces, cada vez que sonaba  Salve, mi madre se ponía nerviosa y quitaba la luz de casa, para no escuchar la canción: con ningún otro disco se repitió tal reacción. 

A partir de entonces, vuelta actual a la actividad musical, prórroga o bola extra aparte, vi con asiduidad a La Polla Records durante veinte años, hasta que finalmente, en agosto de 2003, se separaron, siendo yo testigo, sin saberlo, de su antepenúltimo concierto en Estella/Lizarra. La cita contó con Tijuana in Blue como compañeros de cartel de lujo, en su azaroso regreso de dicho año… Además de La Polla Records, me voy a poner serio, algo más terminó para mí aquel mes de agosto musicalmente hablando: el siglo XX. Pese a que la carrera de Evaristo siguió siendo prolífica y suculenta (The Kagas, The Meas, Gatillazo), algo murió en nuestra alma cuando la Polla Records, tras más de dos décadas escribiéndola, pasaron a ser historia. Ya nada fue igual.

J. Óscar Beorlegui

Mi primera vez: así descubrí a Extremoduro

Extremoduro llegó a mi vida sin avisar. Sin premeditación, nocturnidad ni alevosía. Lo hizo como un amor tardío, cuando yo ya pensaba, qué osada es la juventud y qué atrevida la ignorancia, que a mis 25 años ninguna banda que pudiera escuchar me impactaría ya de forma determinante. Que ningún grupo podría alterar mis emociones tal y como lo habían hecho para entonces La Polla Records, Barricada o Cicatriz, por citar unos ejemplos. Ah, qué equivocado estaba, como años más tarde la vida y sus lecciones me lo volvería a recordar. 

Fue en agosto de 1992, año en el que me dejé caer por la Feria de Málaga. Allí sucedió todo. La primera noche, la única que se podía salir por el Centro de la ciudad (las restantes jornadas, en horario nocturno, la feria se trasladaba al Real, en las afueras de la capital) di con un bar de esos que horas antes hubiese pagado por encontrar. Con un bar… Imposible a priori en aquellos lares, en medio de aquel maremágnum de establecimientos llenos sus mostradores (y suelos) de botellas de fino, de faralaes, banderitas y típicos ornamentos sus techos y paredes y, a todo volumen, sevillanas  dando color al ambiente… 

Fui callejeando por la parte vieja y menos turística de la ciudad, por calles nada concurridas pese a la algarabía de otras próximas; de pronto tuvo lugar el hallazgo: Honky Tonk, leí un deslavazado cartel que pendía sobre un pórtico que parecía albergar gente en su interior. Y lo más importante para mí a aquellas horas: vida, más allá de lo que se cocía en la ciudad. 

Efectivamente, aquel era el local que mi instinto, aun sin saberlo, llevaba horas buscando. Allí, ante mí, estaba la razón que me había llevado a caminar y profundizar por aquellas callejuelas de andar seguramente inmoral. Honky Tonk, estaba abierta la puerta, todo un mundo de previsibles placeres conocidos se me ofrecía: una atmósfera cargada en su punto; gente vestida de forma normal, bafles cutres escupiendo a todo trapo rock and roll, cubatas digeribles para el bolsillo…  Sobra decir que allí me quedé toda la noche.

Al día siguiente, por aquello de despejar la niebla gris de mi cabeza, salí con mi walkman a mediodía, pero lejos de buscar la playa o el paseo marítimo, regresé sobre mis pasos con la fe del converso: fui a ver si existía aquel bar o todo había sido fruto de una ensoñación. Sí, allí estaba, y abierto. Recién fregado el suelo aunque la barra todavía era pasto de ceniceros llenos, botellines semivacíos y vasos apegados. Y allá estaba el mismo camarero que la noche anterior, afanándose en recogerlo todo. Tras pedir Coca Cola con mucho hielo, me ofrecí a echarle una mano, y pronto entablamos conversación: charla que, indudablemente, comenzó a girar alrededor de la música. 

El hombre quedó impresionado cuando le hablé de los nuevos discos de bandas vascas que habían sido publicados aquel año, ¡no tenía ni idea! Conocía a los grupos que le nombraba, pero no sabía de la existencia de aquellos trabajos ni, lo verdaderamente preocupante para él, tampoco cómo conseguirlos.

Pasó la semana de Feria, y la víspera de volver a Pamplona, pasé por el Honky Tonk a despedirme. En señal de amistad, decidí regalarle al camarero las cintas grabadas que me había llevado de vacaciones: los nuevos discos de Cicatriz, Negu Gorriak y Soziedad Alkohólika. El hombre se quedó sin saber qué decir, mirando las cintas como si de pequeños tesoros se tratase, hasta que en un momento dado se encaminó al almacén regresando con un disco de vinilo: “toma, te voy a regalar este disco, a ver si te gusta. Dejó un tipo un montón para vender y no he vendido ninguno”, me dijo extendiéndome el LP. “¿Los conoces?”, continuó.  Se trataba del Somos unos animales, segundo álbum de Extremoduro. El nombre me quería sonar, lo había visto escrito alguna vez, pero no los había escuchado. 

 Ya de vuelta a Pamplona, tras darle vueltas y más vueltas (al vinilo y a la cabeza: reconozco que aquel disco me la voló), caí. Ya sabía dónde había visto antes aquel nombre tan singular: en mi casa. ¡En una maqueta que había comprado el año anterior porque salía La Polla Records! Se trataba de una cinta que reunía canciones de Extremoduro y La Polla por la cara A y de Potato y Rosendo, por la B. El artefacto en cuestión, aquello era pura metralla sonora, se grabó en septiembre de 1990 durante un concierto celebrado en las fiestas alternativas de Mikelin 90 en Abetxuko, Gasteiz. Las canciones de Extremoduro que se incluyeron fueron Jesucristo García (con la posterior Ama, ama, ama y ensancha el alma recitada como introducción por un torrencial Manolillo Chinato) y Emparedado. Sobra decir lo impactado que me quedé cuando las escuché… y el cargo de conciencia que me entró por no haberlo hecho antes de aquel día, teniendo la cinta en casa como la tenía.

A una con el descubrimiento, pronto cambiaron las tornas, pasando a ser aquellas canciones, desde entonces, las más escuchadas de la cinta: y ya no solo en mi casa, sino principalmente en el programa que por entonces hacía en la radio libre de Iruñea Eguzki Irratia, espacio radiofónico cuya sintonía de entrada, además, pasó a ser La canción de los oficios, y la de salida, Quemando tus recuerdos, ambas de Somos unos animales. Ni que decir tiene que todas las semanas llamaban oyentes preguntando por aquel grupo que amenazaba con volar y revolucionar almas, corazones y cabezas sin posibilidad de vuelta atrás. 

¿Cómo había podido vivir hasta entonces sin aquella banda?, me preguntaba una y mil veces escuchando sus canciones sin cesar; unos temas de provocador carisma y deslenguada personalidad marcados a fuego por la malencarada voz de Roberto Iniesta, piedra angular del grupo. Pronto descubrí que aquellos Extremoduro contaban con otros dos discos que yo no conocía, y que adquirí de inmediato: los descomunales Rock transgresivo (Tú en tu casa, nosotros en la hoguera) y Deltoya. “Bueno, no hay mal que por bien  no venga”, pensaba  para mí tratando de autoconsolarme siendo consciente de lo siguiente, por otra parte: de la inmensa suerte que había tenido, pues no en vano se habían presentado en mi vida sin avisar, como acostumbran a llegar las cosas buenas, y con aquellos tres trabajos (maqueta aparte). De golpe, dando todo un golpe de mano en mi ser cuando ya pensaba que lo había visto todo…

A partir de entonces llegué puntual a sus restantes discos y pude asistir a inolvidables conciertos de Extremoduro. Fascinantes siempre. Irrepetibles, con la música y el caudal lírico de Robe desangrándose a borbotones sin que nadie pudiera contener la hemorragia. Con el magma sonoro resultante salpicando a diestro y siniestro como si de lava se tratase.  

Una cosa me quedó clara desde aquellos días: aquellos Extremoduro habían venido para quedarse.

J. ÓSCAR BEORLEGUI

Robe, Yo me quedo contigo aquí: un vídeo desde su encierro.

Con el fin de que nos resulte más llevadera la cuarentena que estamos padeciendo, Roberto Iniesta, Robe, alma mater de Extremoduro, nos regala a todos este vídeo, Yo me quedo contigo aquí.

He aquí su mensaje íntegro:

“Hola a todos, espero que lo llevéis lo mejor posible. Me gustaría daros un poco de ánimo.

Una vez me dijo mi primo Potri, Antonio Ojea, que no le gustaba que le vieran haciendo bocetos cuando dibujaba. Literalmente, me dijo que para él era como si le vieran cagando.

Y le comprendí, porque a mí me pasa un poco igual, así que seguramente me arrepentiré de este vídeo, pero no importa.

Afortunadamente, en mi vida, he hecho muchas cosas de las que luego me he arrepentido.
¡Besos y abrazos!

Robe”

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Gira de despedida de Extremoduro

La separación de Extremoduro, hecha pública por la banda esta semana, se materializará finalmente tras doce conciertos que tendrán lugar en mayo, junio y julio de 2020. Estas son las fechas, las ciudades y los recintos que los albergarán:

Cartel de la Gira de despedida

Las entradas para los conciertos ya están a la venta desde hoy jueves a las 15:00 a través de la red Ticketmaster

Este es el comunicado que he hecho público la legendaria formación para anunciar la presente gira de despedida:

No queremos irnos sin tocar una vez más las canciones que, de alguna forma, han contribuido a que seamos lo que somos, y que son una parte importante pero, al fin y al cabo, una más de las muchas que nos han unido tanto.

Quizá sean los conciertos más emocionantes de nuestra vida, pero no van a ser tristes porque pensamos disfrutarlos y exprimir al máximo cada momento para que no se nos escape ni un solo instante.

Alegres por vivir el presente mientras dure.

Besos y abrazos

Black Friday en El Dromedario Records

Ya ha llegado el Black Friday a la store de El Dromedario Records, desde hoy viernes 22 de noviembre hasta el domingo 1 de diciembre. Durante dichos días podréis disfrutar de unos descuentos en vuestras compras que irán desde el 10% hasta el 70%, dependiendo del producto: ¡no dejéis pasar la oportunidad!

‘Ni tan joven ni tan viejo. Tributo a Sabina’: Robe hace suya ‘Calle Melancolía’

El próximo 13 de diciembre saldrá a la venta Ni tan joven ni tan viejo. Tributo a Sabina,  álbum de homenaje a Joaquín Sabina en el que han participado treinta y ocho artistas de primerísima línea dando forma a veinticinco versiones: uno de ellos Roberto Iniesta, Robe, quien ha hecho suya como solo él sabe hacer una de las más bellas composiciones del cancionero de Joaquín: Calle Melancolía.

Y, de forma exquisitamente intimista, lo ha hecho consiguiendo acrecentar más si cabe la emoción y  sensibilidad de la canción.

El viernes 13 podremos escucharla.

Álvaro Rodríguez, músico de «Robe», nominado en la categoría de ‘Mejor música original’ en los Premios Goya 2020

Es un honor haceros saber que Álvaro Rodríguez, conocido desde 2015 por ser uno de los músicos de Roberto IniestaRobe, está nominado en la categoría de ‘Mejor música original’ para la próxima edición de los Premios Goya, por la banda sonora de la película No te supe perder. El film, dirigido por Manuel Benito de Valle, opta además a los siguientes premios: Mejor película, Mejor dirección novel, Mejor guión adaptado, Mejor actor protagonista, Mejor actriz protagonista, Mejor actor revelación, Mejor actriz revelación, Mejor dirección de fotografía, Mejor montaje, Mejor dirección artística, Mejor diseño de vestuario, Mejor maquillaje y peluquería y Mejor sonido.

La ceremonia de entrega de los Premios Goya tendrá lugar en Málaga en enero de 2020.

Pianista de la banda de Roberto Iniesta desde que el de Plasencia diese inicio a su proyecto más íntimo y personal, Álvaro, al igual que sus compañeros de grupo, participó decisívamente en la composición de las canciones de los dos álbumes publicados por Robe hasta la fecha: Lo que aletea en nuestras cabezas (El Dromedario Records, 2015) y Destrozares, canciones para el final de los tiempos (El Dromedario Records, 2016), discos de oro ambos. A estos trabajos habría que añadir el superventas CD/DVD en directo Bienvenidos al temporal (El Dromedario Records, 2017) registrado dicho año durante la gira de presentación de los ya citados discos.

Sirvan estas líneas para felicitar a Álvaro por su nominación y desearle toda la suerte del mundo el próximo mes de enero.